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¿Hay diez autores de teatro en México?

11 de Octubre de 2009

Fernando de Ita







Gente que ha escrito una, dos, hasta tres obras de teatro hay un chingo. Hasta yo he escrito teatro y lo que es peor, lo he montado. Pero autores en el viejo sentido del término, escritores con algo trascendente que decir en el escenario, muy pocos.



Por otro lado, me llama la atención que los artistas, los intelectuales tan críticos de los usos y costumbres del mercado se llenen de júbilo con esta mesa en la que se dará a conocer la lista de los 10 autores superlativos de la última década. Los publicistas miden el éxito de sus productos por sus ventas, por el número de televidentes, de radioescuchas, de compradores de un libro. ¿Cómo se mide el talento, la gracia, el don, la hondura de un autor dramático? ¡Si a estas alturas no nos ponemos de acuerdo en quién fue el escritor de teatro más capaz, más completo, más dotado de los años 50 del siglo pasado! ¿Magaña o Carballido?



Me niego, pues, a juzgar el lugar que ocupan en el raiting teatral mis contemporáneos. Prefiero dar el nombre de diez autores que, a mi juicio, están escribiendo una obra que los distingue entre tanta palabrería, entre tanta ocurrencia. Como mi lista no pretende medir o calificar la calidad de sus textos no los enumero, los deletreo.



A) David Olguín

Generación intermedia. Alumno directo de Margules e indirecto de los grandes directores de la escena chilanga. Estudió teatro en Londres. Ya no es un autor de escritorio sino de escenario. Sus últimas obras delatan a un señor estudioso, concentrado, con conocimiento de causa. Su teatro está lejos de la frivolidad, del individualismo. Mente crítica, le interesa la vida de la colmena, la historia de México, la vida pública. Pero lejos del panfleto sus textos más recientes tratan sobre el duro misterio de estar vivo.



B) Sabina Berman

Seguro para los jóvenes es de la generación pasada. Pero su Feliz nuevo siglo doctor Freud y Extras son de ésta década. Dos éxitos de crítica y de taquilla. Ella es, según sus propios colegas, la autora más dotada del grupo heterogéneo que en los años 80 se llamó La nueva dramaturgia mexicana. Parece que ya no le interesa el teatro sino el cine y la televisión, pero dejarla fuera en el recuento del más relevante teatro de autor en el presente siglo sería desconocer su trayectoria.



C) Gerardo Mancebo del Castillo

Este joven actor y autor de teatro muere comenzando el nuevo milenio, pero su Capitana Gazpacho lo sobrevive para mostrar a un autor de la nueva picaresca mexicana que estaba por escribir su Lazarillo, es decir; la sátira de su lugar y de su tiempo. No puedo asegurar que su dramaturgia ha influido a los jóvenes dramaturgos de ésta década, pero al menos le deben el premio que lleva su nombre.



D)Flavio González Mello

Por fin un autor joven se interesa por la historia de su país para mirar en el pasado el desastre del porvenir. Con 1822 logró uno de los triunfos de taquilla más largos del teatro universitario en los últimos años, pero sobre todo mostró que la historia es una fuente de hallazgos para el teatro. Con Lascurain o la brevedad del poder se adelantó a la farsa de Juanito, el entenado de López obrador.



E) Ximena Escalante

Traga años. Los jóvenes dramaturgos no la quieren porque les gana las becas, los premios, y porque premia a sus alumnos sin merecerlo, según las propias leyes del Fonca. Ximena tuvo la fortuna de estudiar teatro fuera de México, en España. Cuando regresa escribe Fedra y otras griegas que además del éxito defeño mereció el honor de ser traducida al francés y ser montada en Paris, la tierra de Racine. Su registro dramático es amplio y está por escribir sus mejores textos. Ya tiene otra vez la beca del Fonca.



F) Estela Leñero

No es fácil ser autora de teatro con ése apellido. Fue el miembro más joven de la nueva dramaturgia mexicana, ahí escribió sus primeros ensayos teatrales, como Habitación en blanco, un ejercicio de primer orden. Carrera fluctuante, de altibajos, pero en los últimos años ha tomado la pluma con más firmeza. Lo que admiro en ella es su afán de experimentar con la forma y el contenido de sus textos. Por eso, sus mejores obras no sean las premiadas sino las desconocidas.



G) Jaime Chabaud

Este adolescente perenne es uno de los autores más consistentes y con mayor dominio de la técnica del teatro mexicano. Sus primeras obras son memorables porque sacó a relucir temas como la guerra cristera, enterrada en el archivo oficial. El ajedrecista es una de las mejores piezas que se han escrito sobre el desastre histórico llamado Maximiliano de Austria. Perder la cabeza mereció el mayor elogio que un autor nacional ha recibido de Alejandro Jodorowsky y se adelantó a los decapitamientos del narco mexicano. Con Rashid 9/11 se convirtió en el autor mexicano más publicado, más premiado y más montado en el extranjero, después de LEGOM. Por algo su teatro no es reconocido en México como merece. ¿Por qué será?



H) Edgar Chías

Nadie como “el chino” para escribir narraturgia en México. Mundo adentro como es Edgar, su discurso interior es como el directorio telefónico; interminable. Cuando platicas con él está escribiendo algunos de sus largos monólogos, por eso siempre parece que está en otra parte. Salvo cuando habla en público. Entonces deseas que vuelva al directorio telefónico. Ya en serio, su obra será valorada más adelante porque es una apuesta a la dramaturgia del porvenir. Por algo sus obras no han ganado ningún premio, salvo el de ser un autor singular en el vasto panorama del teatro actual en Nopaltitlán.



I)Pilo Galindo

Autor chihuahuense desconocido en el mall en que se ha convertido la capital del país, pero ganador por dos ocasiones del Premio Víctor Hugo Rascón Banda, y sobre todo, un autor autodidacta, modesto, que vive en carne propia las carencias de un maestro de escuela que no es compadre de “La Maestra”. Autor incómodo, intransigente, lírico, capaz de conmover al lector, al espectador porque no tiene la pretensión de hacer el gran teatro del mundo sino el de contar una historia de su pueblo. Y ya lo dijo Tolstoi: quieres ser universal, habla de tu rancho.



Aquí me van a disculpar los organizadores del concurso, pero debo mencionar a Sergio Galindo y Cutberto López de Sonora, a Toño Zúñiga de Ciudad Juárez, a Daniel Serrano y Elba Cortés de Tijuana, a Virginia Hernández de Ensenada, a Raquel Araujo y Conchi León de Mérida, a Mario Cantú y Hernán Galindo de Monterrey, a Mariana Hartasánchez de Querétaro, a Enrique Olmos de Hidalgo, a Alejandro Ricaño de Xalapa. Estas mujeres, estos hombres están a la altura del mejor teatro de autor del país, en sus diferentes registros y promociones generacionales.



K)El último. Luis Enrique Gutierrez Ortiz Monasterio, mejor conocido como Alejandra Serrano.

Para mí LEGOM es la revelación del nuevo milenio por la radicalidad con la que presenta las relaciones humanas. Se piensa que LEGOM nació por generación espontánea, pero atrás de su teatro hay un inicio en la poesía y en la narración. Según él, termino escribiendo teatro porque era lo más fácil de hacer. Tan fácil que tiene como 20 obras inéditas, entre ellas algunas para niños, aunque usted no lo crea.



LEGOM encuentra su voz, según yo, con De bestias, criaturas y perras, una de las obras más descarnadas, más pinchemente amorosas de la dramaturgia mexicana, si es que el amor es aquello que se oculta en el sarcasmo.



En otro lado escribí que el teatro de Luis Enrique es el del hombre sin atributos, el del pequeño ser mexicano. El aliento satírico que hace únicas las mejores obras de Luis Enrique es producto de la inteligencia, el talento, el don de su autor, pero también del dolor de instalarse una vez a la semana para que le cambien la corriente sanguínea. Pero no es tal peligro de muerte lo que le hace el autor de la década: es que además, ama la vida. A esto, querido público, se le llama tragedia humana.





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