Alejandra Serrano
Dos muertos y un banjo de Mariana Hartasánchez y El carbón en la boca de Porcia de Daniel Serrano, fueron las obras que se presentaron durante la segunda jornada de la Semana Internacional de la Dramaturgia Contemporánea. En ambas obras encontramos personajes enloquecidos, en situaciones extrañas, sin embargo con tratamientos opuestos. En la obra de Hartasánchez, la locura es estridente, el mismo mundo que habitan los personajes está enloquecido. En Serrano, la locura es silenciosa, por momentos imperceptible.
Dos muertos y un banjo tuvo una lectura desafortunada, un tanto tediosa. A pesar de tratarse de un texto que busca una dinámica ágil, se veía entorpecido por las soluciones de dirección. Por otro lado, el texto mismo tenía excesos en los planteamientos de conflicto y avanzaba lento en una primera parte muy larga, preludio al conflicto central. Sin embargo, la obra contiene muchos detalles disfrutables e ironías muy atinadas que se construyen con el humor bizarro y los mundos fantásticos que caracterizan a esta autora.
La historia versa sobre los pecados de los padres heredados a los hijos. Podemos encontrar reminiscencias de Hamlet, Antígona, Romeo y Julieta vertidos en una malteada con magia, terapia psicológica, litigio y mucho cinismo, sin embargo para llegar al tema central hay un preludio muy largo. La obra inicia con el cortejo de una mano escurridiza hacia una psiquiatra, este suceso es el conducto para llegar al conflicto central, cuando por fin aparecen la venganza de los padres y el deber de los hijos contrapuesto a sus deseos.
Posteriormente se leyó la obra de Daniel Serrano, El carbón en la boca de Porcia, que a decir del autor es una exploración sobre el género policiaco, un CSI mexicano, un CSI ralentado, donde aparentemente no nada pasa y se dice poco. Es una obra escrita con humor inteligente tanto en la palabra, como en el silencio. Un humor que no busca contar chistes, sino funciona a partir de que construye a los personajes. La dirección de Jorge Sánchez entendió el tiempo interno de la obra y lo dejó fluir sin prisa. En general una dirección muy atinada y con buen trabajo actoral de parte de Pedro Rivera, Jesús Mancillas y muy especialmente Carlos Gueta en el papel de Memolópez, quién de principio a fin cautivó al espectador.
En entrevista con Serrano sobre está obra (http://bit.ly/cvAOET), comentábamos sobre el peligro que existe en esta obra de que la dirección caricaturice los personajes y sus rasgos noroestenses. Para que sus personajes funcionen, deben ser extremadamente cotidianos, mencionaba el autor. Cuando Gueta entró a escena, hablando con un marcado acento, parecía que había caído justo en ese error. No pasó un minuto y ya había demostrado que, por el contrario, estaba en dominio, tenía justo el tono del personaje y fue una delicia.
Contrariamente a la obra de Hartasánchez, El carbón en la boca de Porcia se desarrolla en un lugar fuertemente referenciado a la realidad, un pueblo de Sonora. Es una obra realista, llena de regionalismos que sin embargo no es costumbrista y por el contrario, termina construyendo en el espectador un lugar suspendido en el tiempo.
Comentarios al término de la lectura de Dos muertos y un banjo
Comentarios al término de la lectura de El carbón en la boca de Porcia
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